Historia

El Cementerio Municipal de San Roque se creó en 1834 con fondos municipales correspondiendo su administración, cuidado, dirección y propiedad en exclusiva al Ayuntamiento de Alcalá de Henares.

Su construcción respondió a la obligación legal de realizar los enterramientos fuera de las ciudades y no en las iglesias, con el fin de garantizar la salubridad púbica. El sitio elegido fue un terreno lindante con el Camino de Ajalvir, cerca del río Camarmilla y de la antigua ermita de San Roque, de la que tomó su nombre.

Su planeamiento original era un rectángulo dividido en cuatro cuadrantes separados por dos calles perpendiculares que hacían intersección en forma de cruz. La entrada estaba en el Camino de Ajalvir y se conectaba a través de un eje principal con la capilla, situada al fondo. El trazado era ortogonal, como solía ser habitual en los cementerios, según las normas ilustradas introducidas por Carlos III en 1784.

Pronto se quedó pequeño y fue sucesivamente ampliado. Primero en 1845, luego en 1864 por el arquitecto del distrito Tomás Aranguren y, entre 1891 y 1902, por el arquitecto municipal Martín Pastells. Esta última ampliación ensanchó tres veces la superficie del camposanto y cambió su orientación, porque fue construida una nueva puerta monumental frente a la vía del tren. Esta puerta es de hierro y consta de dos entradas enmarcadas por pilares de piedra rematados con pirámides. Las tapias de ladrillo con decoración neomudéjar y las ventanas neogóticas de la esquina suroeste del recinto también fueron diseñadas por Martín Pastells.

El cementerio experimentó nuevas ampliaciones en 1964-1968, dirigidas por el arquitecto José de Azpíroz, y en 1975 por José María Málaga, que prolongaron el muro noroeste hasta la orilla del Camarmilla. Otras intervenciones menores, como la instalación de nichos, continuaron hasta la década de los ochenta, cuando el espacio quedó terminado tal y como lo conocemos hoy, con un perímetro más o menos rectangular y un trazado urbanístico ortogonal.

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